Crítica | ‘París, Texas’ (1984)

¿Sabías que hay una ciudad llamada París en Texas?

Me prometí a mí mismo que sólo escribiría críticas de películas o series de estreno, y/o de productos desconocidos para el gran público. En este caso la película que os traigo es bastante conocida en ámbitos más cinéfilos pero creo que algo menos conocida para la gran masa, por lo que aquí va:

Película road movie franco-alemana dirigida por Wim Wenders, nos cuenta la historia de Travis (Harry Dean Stanton), un hombre que abandonó a su mujer y a su hijo hace 4 años y acaba amnésico caminando por el desierto de Texas. Buscando agua acaba desmayado en un pueblo, allí es encontrado por un médico que localizará al hermano de Travis y le hará saber de su paradero. Éste le hará saber que él adoptó a su hijo en su ausencia y que desconoce el paradero de su mujer, por lo que Travis tratará de recuperar su memoria y averiguar por qué se alejó de su familia.

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Paris, Texas‘ es de esas películas que inevitablemente requieren un acto de paciencia absoluta por parte del espectador, sus dos horas y veinte minutos pueden hacer que desconectes del proceso dramático que está viviendo el protagonista y por lo tanto no disfrutes de la progresión que le lleva a su implosivo final y más cuando intentas mantener la gran incógnita de: ¿qué le pasó a Travis? Con escasa información y poco interés en darle pistas al espectador. 

Con un reparto excelente y unas interpretaciones de aplauso, la cinta acaba siendo de esos dramas que te hacen conectar con la escena y que en ciertos momentos te encogen el corazón.  No puedo más que mencionar el momento de la cabina como una secuencia fantástica, donde recibes el gran guantazo y te das cuenta de que las cosas no son siempre lo que parecen, ahí es cuando la cinta te descubre un nuevo punto de vista y donde se demuestra que toda espera tiene su recompensa.

Sin embargo sí estoy de acuerdo con que un buen tijeretazo en la sala de montaje habría sido la mejor solución, válgase de ello la sub-trama del hermano y su mujer, que finalmente abre ese melón pero se deja en vía muerta y no aporta más que ser un daño colateral irresoluble. Súmale a esto un intento vano de mostrar cierta parodia de América por parte del director, cosa que puede suponer un valor añadido si tu película no tuviese ya una duración superior a los ciento veinte minutos.

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No quiero recomendaros la cinta como la panacea dramática, pero si quería mencionarla como un producto que me ha sorprendido gratamente, también debido a mi fetiche con los personajes que están hechos polvo como me paso con ‘Manchester frente al mar‘ (2016), película que prácticamente recomiendo muy por encima de ésta al ser un producto mejor empacado y tener ciertas similitudes la una con la otra. Recomendable para una tarde tonta con nada de sueño y ganas de ver algo diferente.

Valoración:

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Lego Batman satisfecho
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One response to “Crítica | ‘París, Texas’ (1984)

  1. El tipo cruza el desierto hacia un destino que sólo él conoce, un paisaje tan desnudo como el protagonista de esta inquietante y extraña secuencia de apertura, poderosamente impregnada de un calor agobiante y que ofrece una paleta de sensaciones fuertes, sofocantes, provocando una sensación como de malestar y desaliento. Apenas se iniciado el viaje y el film ya nos arrastra al fondo de una imaginería hipnótica; este hombre que cae preso del calor será recogido por su hermano Walter, aunque su búsqueda será perpetua: la búsqueda de su hijo Hunter, al que abandonó cuatro años atrás, de su ex-mujer Jane, con quien comparte un pasado difuminado y violento, y lo más importante, de sí mismo.
    Se llama Travis y, al igual que su homólogo de “Taxi Driver”, es su locura y la proyección de sus fantasmas y miedos lo que conducen la trama. Sin embargo, el Travis de “Paris, Texas” es más bien un hombre atrapado en los propios demonios de su vida anterior, que decide iniciar un lento trabajo de autoconocimiento, para reconstruir los fragmentos de ésta; un camino marcado por la obsesión de remontarse a los orígenes (“me acuerdo de por qué compré esa tierra […] pensé que fue allí donde yo empecé”). Tras una poderosa media hora, la realidad se abalanza sobre Travis al reencontrarse con uno de esos fragmentos olvidados de su pasado, su hijo.
    Este arco dominado por un drama de intensa sensibilidad y cercanía actúa de paréntesis entre los dos grandes viajes de la historia; la marcha prosigue a partir de que Travis se tropiece a un hombre que vocifera al Mundo, a la creación. Irrupción grotesca, casi surrealista, fantasmal presagio de que el periplo nunca termina (“¡todos seréis devueltos a la tierra de la que nunca se vuelve!, ¡es una navegación hacia ningún sitio!”), y en el que todos esos demonios que atan a Travis a su oscuro pasado serán finalmente liberados y vueltos a su espejo, pues sus demonios también son los de Jane, en la sobrecogedora secuencia de las cabinas (quizá la confesión más dramática y demoledora jamás rodada), con el fin de alcanzar la redención y quizá dar un paso adelante en su viaje de descubrimiento vital.
    Mientras, nosotros actuando de testigos cómplices y mudos de unos Nastassja Kinski y Harry Dean Stanton (en el papel de su vida) que más que interpretar viven sus personajes con una fuerza y verosimilitud arrolladora, al igual que Dean Stockwell, Aurore Clément y el pequeño Hunter Carson. Más allá de ellos, otro personaje esencial, el profundo y majestuoso paisaje americano filmado en todos sus aspectos y facetas y cuya belleza es realzada por la fotografía del maestro Müller, lo que hace de “Paris, Texas” un “western” voluntariamente lento y contemplativo, donde nada falta: el horizonte en la distancia, la línea derecha erigida en línea de fuga al infinito, la tormenta, el viento, el Sol, los cielos, la arena, todo multiplicado en planos que tratan de sumergir al espectador en un universo intemporal.
    Trágica, hermosa y cruda, violenta y perturbadora de un modo único, adornada con la fascinante música de Ry Cooder, el montaje de Peter Przygodda, denso y casi sobrenatural por su sencillez, unos diálogos que no dejan de evocar el origen y el eterno viaje de la vida y la profundidad y sencillez dramática que logra imprimir Wenders.
    Al final, Travis continúa en su coche, con la línea roja del horizonte frente a él. ¿Se prepara para seguir explorando en su infierno personal? Sea como sea, la búsqueda de la propia identidad no acaba; en la vida nunca terminamos de encontrarnos a nosotros mismos, por lo que es necesario seguir buscando…

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